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58 años del asesinato de Patrice Lumumba

 

Patrice Lumumba

Patrice Lumumba

«Aunque esta independencia del Congo está siendo proclamada hoy en acuerdo con Bélgica, un país amistoso, con el que estamos en igualdad de términos, ningún congolés olvidará que la independencia se ganó en lucha, una lucha perseverante e inspirada que ocurrió en el día a día, una lucha, en la qué no nos intimidamos por la privación o el sufrimiento y no escatimamos fuerza o sangre». Patrice Lumumba (discurso en la ceremonia de proclamación de la Independencia, 30 de junio de 1960).

Hoy se cumplen 58 años del brutal asesinato del político y panafricanista congolés Patrice Émery Lumumba (2 de julio de 1925 – 17 de enero de 1961). Precursor de la independencia de lo que hoy se conoce como la República Democrática del Congo (en su momento, «Congo Belga»).

Fue el primer Primer Ministro de la República Democrática del Congo entre junio y septiembre de 1960. Tras la independencia de Bélgica, el 30 de junio de 1960, el Congo celebró elecciones, y Patrice Lumumba, líder de la lucha independentista, llegó a la presidencia con un programa nacionalista y de izquierda. Mientras Lumumba abogaba por un gobierno central más fuerte, Kasa-Vubu (primer presidente de la RDC) prefería una forma más descentralizada de gobierno que diera poder autónomo a las provincias bajo un sistema federal. Cuando habían pasado 67 días desde su toma de poder, Patrice Lumumba fue cesado por Kasa-Vubu el 5 de septiembre. Lumumba, por su parte, trató (sin éxito) de destituir a Kasavubu. El punto muerto resultante culminó con la toma del poder del comandante Joseph Désire Mobutu (Mobutu Sese Seko Nkuku Ngbendu wa Za Banga ) el 14 de septiembre. Quien tomará el poder por segunda vez el 25 de noviembre de 1965, pero está vez deponiendo a Kasa-Vubu y, posteriormente, se declarándose jefe de Estado.

Un golpe de Estado derrocó a Lumumba en septiembre de 1960. Fue torturado brutalmente y fusilado por mercenarios belgas, que disolvieron su cuerpo en ácido y esparcieron sus restos para que no fuera reconocido. En noviembre de 2001 el Parlamento de Bélgica reconocía la responsabilidad de su Estado en la muerte de Patricio Lumumba. Y en 2002, tras dos años de investigación, el gobierno de Bélgica pidió perdón a la familia del político y al pueblo congoleño por su «responsabilidad moral» en los hechos. Las circunstancias que precipitaron aquél fatídico final no han sido totalmente esclarecidas hasta la fecha.

Analistas indican que Lumumba fue asesinado de esa manera por la gran lucha política e ideológica que realizó para dar a conocer la unidad como instrumento y vía para el logro de la liberación por parte de los pueblos africanos, de los yugos coloniales que se mantenían en el momento en que libró su lucha y que aún se mantienen, incluyendo entre ellos al neocolonialismo naciente y al imperialismo norteamericano que ya comenzaba a meterse en los países africanos para sumarse a los saqueadores de las riquezas de ese continente.

El pensamiento de Patrice Lumumba constituyó un peligro para las potencias occidentales con fuertes intereses en el país africano, concretamente en la región minera de Katanga. Medio siglo después, las autoridades estadounidenses reconocieron su implicación en el derrocamiento y asesinato del líder congoleño.

La RDC pudo haber ido hacia una democracia pero, por el contrario, fue hacia una de las peores dictaduras africanas del siglo XX. Su muerte dejó descabezada a la joven democracia congoleña, que quedó en manos de Mobutu Sese Seko. Con aval de las grandes potencias, se iniciaba una larga y sangrienta dictadura. 

A fecha de hoy, por las ultimas noticias sobre RDC parece que la situación, poco a poco, empieza a tomar un nuevo rumbo. 

                                                                                                                                                                                                              Andrés Canuto E. Echube

Fuentes utilizadas: 

 

 

 

 

La ‘paradoja’ de la descolonización en África o cómo entender el drama de la inmigración ‘sur-norte’

Emigrantes nadan y piden ayuda a los miembros del ‘Phoenix’, la embarcación de rescate de MOAS (Getty). Mayo de 2017.

¿’Descolonización’ o tomadura de pelo? Es evidente que sí hubo ‘independencia’ en casi todos los nuevos estados constituidos en África ¿como clímax de la colonización?, pero no hubo descolonización. En palabras del antropófago Juan Ramón Aranzadi:

«si la colonización supuso la imposición del estado, que es una institución nueva; la imposición de la economía de mercado  con lo que representa de transformar la tierra, la fuerza de trabajo en mercancía; la mercantilización de todas las relaciones humanas; la imposición de la escritura sobre la oralidad; la cristianización; la imposición de la lengua española —en lo que es hoy Guinea Ecuatorial— sobre las lenguas nativas; etc. Y descolonizar supone deshacer lo que hizo la colonización ¿por qué seguimos llamando descolonización a un proceso político que lo único que hizo fue transferir el poder del estado de los colonizadores a una élite nativa colonizada, plenamente aculturada, que lo que hace cuando toma el poder es prolongar las mismas tareas de la colonización? Lo que llamamos descolonización no es más que una vuelta de tuerca más en la colonización. Es una vuelta de tuerca más en la imposición sobre los pueblos colonizados de dos instituciones características del imperialismo occidental: la economía de mercado y el estado».

Siendo ya partes del ‘sistema’ impuesto y cristalizado en el tiempo, pareciera que fue bastante ¿osado e imprudente? —en muchos casos, precipitado— exigir dejar de ser como por arte de magia aquello que se habían convertido muchos países africanos. Era obvio que seguirían siendo los ‘mismos’; porque 200 años de historia colonial como el caso de Guinea Ecuatorial (en otros lugares más o menos) no se borran de la noche a la mañana. Visto desde este punto de vista, lo que se llamó descolonización en África fue una especie de huida hacia ninguna parte. Una auténtica tomadura de pelo.

De hecho, las fuertes oleadas de emigración que experimenta el continente africano, por ejemplo, son la constatación, en parte, de su no descolonización. La imperiosa necesidad de huir hacia mejores condiciones de vida y de trabajo por causas de mala gobernanza, hambre, guerra, etc. es, por un lado, producto de la colonización y, por otro, la mala gestión de las independencias. Una realidad que se presenta como irreversible. Mientras las antiguas potencias coloniales se cierran, los ciudadanos de los nuevos estados salidos de la colonización están cada vez más insatisfechos. O como lo dice el Prof. Juan Ramón Aranzadi:

«la pregunta que nos deberíamos hacer hoy es si la reivindicación de ayuda al desarrollo de las antiguas colonias, de enviarles dinero, etc., ¿no es una cuartada moral progresista para evitar la cuestión  más candente actualmente que es atender a los deseos de los africanos que lo que quieren es entrar en Europa? ¿Estamos dispuestos a abrir las fronteras?».

La urgencia o necesidad legítima de recuperar y no dejar morir lo “propio”, lo “africano” desde el punto de vista de la cultura, la lengua, las tradiciones, la política, etc., que animaron a la inmensa mayoría de países a exigir su independencia de las antiguas metrópolis, por cómo lo demuestra la historia, tropezó con lo peor de nosotros mismos.

                                                                                                                                                                                                              Andrés Canuto E. Echube

 

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